«Con respeto»: «Las chilenas a la chilena»

Chilenas a la chilena…

 

Lo que se vislumbraba como una jornada de celebración de la chilenidad y de los 150 años del Club Hípico de Santiago terminó de manera abrupta en sensación de miedo, tristeza y ahogo, por parte de la gran masa de los que estábamos presentes en el recinto de Blanco Encalada.

 

Dentro del plato atractivo anunciado para la jornada, se encontraba la disputa de las tradicionales "carreras a la chilena", espectáculo popular de las raíces del campo que intento replicarse esta vez en medio de la intensa jornada de carreras, tal como ya se había hecho con anticipación en otras oportunidades como en 2011 y 2014, y que, más allá de ser un complemento de la reunión habitual de competencias, pasó a tomar el centro de la atención, no por la espectacularidad de estas, si no, por el desafortunado accidente que se desencadenó tras la disputa de la 3a prueba de esta modalidad.

 

Ya en la primera "carrera a la chilena" disputada tras corrida la 4ta se vio que los jinetes tuvieron que frenar con más de alguna complicación para sortear la curva. Finalmente se trasladarían a la pista de pasto las que quedaban planeadas, para disputarse en la 11a y 13a del programa de carreras.

 

En 2011 se disputó una "carrera a la chilena" en el mismo Club Hípico, en aquella oportunidad 4 ejemplares fueron los que disputaron los 275 metros de la prueba, sin embargo, a diferencia de esa ocasión, en esta jornada habían 10 metros de palizada, puede sonar insignificante, pero, 10 metros menos de pista cuando un caballo no conoce de girar una curva, pueden marcar un punto importante, pudo esto ser un factor para que aumentaran las posibilidades de un accidente? puede que sí, esto habría prevenido dicho suceso? probablemente no.

 

Antes de la disputa de la fatídica tercera prueba a la chilena, se disputo tras la 9a del programa, la segunda de ellas, en donde claramente ya se apreciaba el problema que implicaba para algunos ejemplares el hecho de correr sin una demarcación propia como las "carreras a la chilena" abriéndose hasta más de 3/4 de cancha, no pasando a mayores en parte por lo lejos que venían estos 2 competidores que se abrieron, entre murmullos algo raro empezaba a aflorar en los labios de la gente, sobre la combinación entre la velocidad y la peligrosidad de este tipo de competencias, lo que vendría después sería el mazazo definitivo.

 

Generalmente el caballo que corre a "la chilena" lo hace un circuito de línea recta de 400 metros o más, las distancias de las competencias son de entre 150 y 300 metros máximo como estimativo, y por sobretodo, salvo contadas excepciones, se realizan en pares y por pistas separadas, donde ambos ejemplares tienen mínimas oportunidades de toparse entre ellos. No esta demás decir que muchos jinetes provenientes del sur de nuestro país hicieron sus primeras armas en este tipo de competiciones.

 

Finalmente, tras la disputa de la 13va, vendría el momento más triste de la tarde, los 250 metros de la prueba lamentablemente no concluyeron con la vistosa victoria de "El Monje", quien por fuera arremetió de gran forma para llevarse la victoria. La celebración de su jinete segundos más tarde se transformaría en la desesperación de resbalar por el suelo viendo como el resto de ejemplares -incluido el suyo- terminaba contra la baranda de los 2.400 metros.

 

Casi como sacado de un thriller del más perverso escritor, el pánico se apodero de los presentes, muchos se tomaron la cabeza, otros pensaron lo peor, lo único cierto, es que decenas de personas se abalanzaron sobre la pista a intentar socorrer a los afectados mientras llegaban las ambulancias, es así como algunos de los presentes, e incluso quienes escalaron la reja desde fuera del recinto lograron rescatar a uno de los jinetes que quedo en una de las acequias que recorre el entorno, segundos vitales que marcaron la diferencia para evitar pérdidas humanas, un escenario dantesco en medio de la incertidumbre.

 

Lamentablemente, para 2 de los caballos involucrados ("La Marengo" y "El Monje") la suerte no fue la misma, y tuvieron que inevitablemente compartir el destino al cual todos llegaremos algún día, víctimas de la nobleza animal que los llevó a desconocer el recorrido que enfrentarían y las hizo presa de la desgracia, "El Monje" pagó con la vida el precio de esos segundos de fama.

 

En el momento de asumir la culpa, nadie entrega con claridad una respuesta. Mediante escueto comunicado, el Club Hípico se "desligo" de la responsabilidad, explicando que este tipo de carreras fue organizado en su plenitud por una agrupación de propietarios "chileneros", facilitando sus instalaciones para la realización de estas carreras.

 

Si bien es cierto, que en gran parte de las "carreras a la chilena" se notó que Club Hípico se limitaba a transmitir la competencia mostrando un gran desconocimiento incluso de los jinetes participantes de ella, ya que solo se nombraba al caballo, y solo en el caso de Jaime Medina -a todas luces el más conocido- y Jesús Reyes en la 2a, el resto no fue nombrado, hecho que también fue muy dificultoso a la hora de poder entregar información fidedigna sobre los involucrados.

 

Entonces, aquí es donde uno se pregunta si finalmente el propietario del recinto, y quien decide dar cabida a este espectáculo, pudo hacer algo más al respecto, ya que resulta inverosímil que ante la velocidad que adquieren estos ejemplares -acostumbrados a ello-, el estado de la palizada, lo resbaloso de la pista, y la curva inmediata tras la línea de llegada, a lo menos no haya existido una advertencia a quienes organizaron las carreras, o una prevención respecto a la meta, mal que mal, las "carreras a la chilena" se caracterizan por tener un carácter mucho más informal que las jornadas de carreras habituales, por lo que no hubiese sido un problema improvisar una meta 100 ó 200 metros antes.

 

Lo único concreto, es que Luis G.Soto, el más complicado de todos, sufrió una fractura en su mandíbula y se encontrará en observaciones, Eduardo Espinoza en tanto se fracturo el fémur, mientras Fernando Poblete resultó ileso.

 

Está claro que después de la guerra todos somos generales inmaculados de la probidad y las buenas costumbres, pero, cuando yo invito gente a mi fiesta, no puedo desligarme de algún grado de responsabilidad si ellos terminan despertando a todo el vecindario.

 

A fin de cuentas, lo único que pedimos los comunes y mortales amantes de esta actividad, es que por favor se tenga mesura y cuidado con las cosas que se hagan, porque finalmente todos fuimos tocados por esta tragedia, desde el impacto emocional, hasta la sanción social que implica amar el arte de los caballos.

 

"Ipso facto", la hípica es un deporte que nunca hace noticia por convocar grandes cantidades de personas entorno a una pasión, que no hará eco en la prensa por tener 60 mil personas conviviendo de manera sana, riendo y disfrutando en familia, que tampoco será portada de diarios para destacar el hecho que es el deporte más transversal y homogéneo de la sociedad, donde casi no existen las riñas y problemas mayores, aun cuando existen apuestas de por medio. Es por ello que me duele que este tipo de situaciones -que pudieron preverse- terminen saliendo a la palestra y encasillando a todos quienes disfrutamos de esto, me duele que se hable de la hípica con oportunismo, buscando ponerla en un pedestal siniestro de maltrato animal, cuando ellos jamás han visto a un cuidador en la soledad de su pesebrera hablarle con ternura a un animal, considerándolos un hijo más. Me duele ver tipos chapuceros como Vasco Moulian en Twitter, haciendo morbo de la situación, creyéndose los paladines de la "justicia" cuando jamás en su majadera vida han conocido por dentro este deporte, y aprovechando su tribuna, no son ni siquiera capaces de emitir un juicio criterioso, con la capacidad de distinguir entre un hecho lamentable, pero aislado, de lo que es el habitué de la actividad.

 

Tan deleznable como esto último, es el poco criterio de algunos inescrupulosos curiosos que concurrían a presenciar desde el exterior a los maltrechos participantes de este accidente acompañados de sus hijos pequeños, quienes poco querían estar presentes allí. Hasta el momento de escribir estas letras no puedo sacarme de la memoria aquellas lágrimas de ese pequeño niño que asustado preguntaba a su indolente padre porque el caballo tenía que sufrir, el alma se me fracturo en dos, tanto como por la perdida de cada caballo que encuentra fatal destino en una pista de carreras. Un poco de criterio por los más pequeños nunca esta demás, en lo particular, por suerte, nunca vi algo tan traumático de niño, si no, de seguro no estaría escribiendo esto.
 
 

 

 

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