Columna de Opinión: "¿Que te hicieron Club Hípico?"

"Recuerdo ir tomado de la mano de mi papá, caminando por esa calle que me parecía gigante, y atravesar esa fortaleza impenetrable que ofrecían esas murallas enormes que rodeaban el contorno de una construcción centenaria, murallas que si hablaran contarían la historia del Santiago mismo, murallas que están impregnadas con las cientos de historias que se producen día a día sobre los adoquines que bordean la entrada al edificio principal, historias que comenzaron con trajes y sombreros, y que hoy no distinguen status social. Recuerdo subiendo por primera vez hacia la terraza de tribuna enamorándome de aquella vista, escuchando con atención las historias de mi padre que había vivido en ese mismo sitio 30 años antes, cuando siendo un joven admiraba las carreras sobre ese verde pasto.
(Para continuar leyendo click en Leer más.)
Recuerdo cuando en la inocencia de mi infancia me maraville con una escapada de "Toresani" en algún clásico de los 90s, o me encandile con los relatos casi heroicos de "La Sexta", "Quilche", "Filibustero", "Cencerro", "Espadaña", y del más grande, ese mulato imparable llamado "Wolf". Sentí respeto y admiración por la nobleza que contaban las historias sobre "El Monstruo" Carlos Rivera Avendaño, quien en tan poco le dio tanto a la hípica, y por tantos otros nobles jinetes que engalanaron las tardes de todos los tiempos, desde el que inició la senda como Cristián Zavala, pasando por Eduardo Rebolledo, Juan Zuñiga, Enríque Araya, Rogelio Parodí, Héctor Pilar, Pedro Ulloa, Carlos Pezoa, Sergio Vásquez, y tantos otros, asi como familias enteras que se han dedicado a la hípica, como los Inda, los Bernal, los Breque, los Covarrubias, los Bagú, y un sin fin nombres, de los cuales faltarían hojas para nombrar y agradecer.
Recuerdo también cuando no comprendía como Anyelo Rivera pudo pasar con "Cristal de Roca" por los palos en una primera competencia del Club, y la expresión de asombro del respetable cuando camino a la pelousse se dejó ver las marcas blancas de la baranda en el cuerpo del animal, o de nobles ejemplares como el hijo de "Ultraje", "Ultrarey", que sin importar la edad guapeaban en las pistas invernales, cuando por el lado más externo de la cancha pasaban los competidores embarrados completamente, o bien se abría una oportunidad para los punteros en los clásicos 1.100 de la pista 2. De las extensas llaves que animaban los modestos handicaps, con tradicionales colores como los celeste, cruzado rojo de Verónica (gorra en casco) y Alonso Carreño (gorra negra). De grandes animales, de monstruos de la pista como "Showbiz" y "Ballistic", de nobles reproductores como "El Tango", "Brick", "Nasr ed Din", "Congolese", "Bristol", "Prólogo", "Semenenko", "Gallantsky", "Roy", "Gervazy", "Hussonet", "Columbus Day" y un largo etc. cuyos dignos hijos siguen hasta el día de hoy transimitiendo los genes del triunfo.
Recuerdo de aquel misterioso hombre que con su gran vozarrón estremecía las galerías del Club Hípico gritando por el caballo "Sayo", o cuando sobre los hombros de mi padre intentaba descifrar para un Gran Clásico Coronación, aquella novedad presentada como un "show de rayos laser" en reemplazo de los fuegos de artificio, y que a pesar de ser un pobre espectáculo, hasta el día de hoy sonreímos cuando nos recordamos de aquellas luces que simulaban un caballo, son tantos los momentos que podría enumerar, que de seguro me faltarían hojas, sin embargo, tengo un tremendo sentimiento de tristeza, y es que, realmente tras ver los 5 inscritos en el Grupo II de este Domingo, no pude más que pensar en lo empobrecido que esta el espectáculo en el que era el más grande recinto de hípica en Chile.
Años antes, clásicos como el Coronación, eran realmente una fiesta familiar, coronada con fuegos de artificio que cerraban el año hípico, y que dejaban en todo el público una linda sensación tras marcharse a sus hogares, hoy, al parecer, la disputa de este clásico a principios de Diciembre, responde más a un compromiso que a una tradición, pero lamentablemente, esto es algo que se viene arrastrando desde un tiempo ya.
Hace largo rato que pareciera que para Club Hípico resulta más importante, vender sus entradas para los grandes clásicos mediante ticketeras electrónicas, que mejorar la calidad del espectáculo. Que resulta más interesante, llevar el morbo de las rivalidades futboleras a una confrontación hípica entre 2 países, promocionada como Campeonato de Jinetes. Que sin duda, pacta el arriendo de su recinto para que se realice un festival de música a tan solo 1 día (!), de disputarse uno de sus más tradicionales clásicos, sin pensar siquiera en el estado de la cancha y en la salud de los animales que se ven enfrentados al estrés que significa esto ("por suerte" para los hípicos, fue rechazado por intendencia). Que ya no tiene ningún empacho en entregar dividendos a segundo y a tercero de 1.0 de manera reiterada, y que, aunque se entienda que todo esto puede responder a la repartición de porcentajes estipuladas para las apuestas, a la gente NO le agrada en absoluto, ya que va perdiendo el interés en apostar, y por sobre todo, un Club Hípico al cual ya no le da vergüenza presentar una pista de pasto en esa condición, con visibles partes en mal estado, más aun considerando que la destrucción de la pista 2 de pasto en favor de una de arena (y en contra de una tradición centenaria del pasto capitalino), iría en beneficio de mantener una impecable pista n°1, lo cual no ha sucedido, señores, esto no es como yo, ni mi padre, ni mis abuelos conocieron al Club Hípico, lamentablemente, este no es el Club Hípico del cual me encanté.
Estimados, las palabras que aquí escribo, a estas alturas, resultan una catarsis, y es que sinceramente, me cuesta aceptar en lo que se convirtió ese aquel "primer amor" de la hípica, el que nunca se olvida.
Mi padre, criado a cuadras del Club, creciendo entre corrales e hípica, ya más viejo y cansado que aquella ocasión que me llevo por primera vez al Club Hípico, me dijo hace poco en las afueras, "sabes qué?, creo que no volveré al Club, ya no me siento cómodo aquí", un golpe al corazón, una opinión sincera."
A.C.V
